Terapia de aceptación y compromiso: una psicoterapia actual
Dentro de las denominadas terapias de “tercera generación” se encuentra la terapia de aceptación y compromiso. La ACT destaca la inflexibilidad psicológica como modelo psicopatológico común a diversos trastornos y el trabajo de la aceptación y el cambio conductual partiendo de principios terapéuticos, más que de técnicas concretas.
Desde este enfoque, el lenguaje tiene impacto sobre la experiencia del ser humano, pues conforma reglas verbales que promueven la rigidez psicológica y la evitación experiencial, dando paso a diversos problemas psicológicos.
En esta línea, se ha descrito el trastorno de evitación experiencial (TEE), transversal o común a diversas patologías, basado en la evitación sistemática y desadaptativa de eventos mentales aversivos. Según Epicteto, filósofo griego estoico, “las personas no se alteran por los hechos, sino por lo que piensan acerca de los hechos”.
La evitación experiencial se refiere a los esfuerzos que las personas hacen para evitar pensamientos, sentimientos, emociones y sensaciones que son percibidos como desagradables o dolorosos. Esta evitación puede ser destructiva, ya que inicialmente no se consideran las consecuencias que a largo plazo estos esfuerzos por evitar experiencias internas negativas pueden acarrear.
Un ejemplo clásico de evitación experiencial es cuando una persona evita lugares o situaciones que le provocan ansiedad, como salir a la calle o acudir a eventos sociales. Lo cual, a corto plazo, reduce la ansiedad, pero a largo plazo, limita su vida y refuerza el la evitación y la ansiedad. Este ciclo de evitación puede llevar a una vida restringida y menos satisfactoria.
Desde la perspectiva de ACT, la evitación experiencial es una de las fuentes principales de rigidez psicológica, lo que puede llevar al desarrollo de diversos problemas psicológicos. Cuando las personas intentan controlar o evitar sus experiencias internas desagradables pueden descontrolar su vida al abandonar actividades significativas y valiosas, alejándose cada vez más de sus propias metas y objetivos vitales.
La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) se basa en la premisa de que la flexibilidad psicológica es esencial para la salud mental:
El objetivo de ACT no es eliminar las experiencias internas desagradables, sino cambiar la relación que las personas tienen con ellas. En lugar de evitar, ACT promueve la aceptación, que implica abrirse a estas experiencias sin intentar alterarlas, y comprometerse con acciones que están alineadas con los valores personales a pesar de las experiencias negativas.
Aceptar NO es lo mismo que resignarse. Si niego algo, no puedo transformarlo, porque no me hago consciente. La resignación implica queja y cerrar la puerta al cambio. Cuando no acepto es muy probable que mi dolor se transforme en sufrimiento.
Por el contrario, la aceptación requiere observación y comprensión de la realidad. Al aceptar no me resigno, ni me conformo, sino que comprendo. Cuando acepto, a pesar de que no me guste eso que observo, la queja la dejo a un lado y me pongo en marcha. En la psicología moderna, aceptación significa “abrazar todo lo que surja en nosotros, momento a momento, tal como es”.
El principal objetivo desde ACT está en conseguir un incremento de la flexibilidad psicológica mediante los siguientes procesos: el incremento de la consciencia que permitirá la apertura a la experiencia misma y la toma de perspectiva (aceptación y mindfulness); y el cambio conductual, mediante una acción comprometida y dirigida por valores personales (compromiso).
Para su consecución, la ACT trabaja mediante el empleo de metáforas, como las que expongo a continuación:
Metáfora de los peces y los anzuelos
Imaginemos que somos peces y que nuestra vida consiste en nadar por el océano. A menudo nos encontramos con anzuelos, algunos pequeños, otros más grandes. Y cuando esto ocurre, normalmente; “paf!”, nos quedamos enganchados… (Estos anzuelos son como nuestros pensamientos. Algunos más ligeros, y otros pesados y pegajosos, de esos que cuando aparecen inmediatamente nos los creemos.)
Al principio los peces se quedaban enganchados a los anzuelos, sin poder remediarlo, y dejaban de nadar (con esta decisión nuestra vida se para). Sin embargo, poco a poco, se fueron haciendo habilidosos para observar los anzuelos y rodearlos nadando sin quedar atrapados en ellos. De esta forma, continuaban su camino por el mar (con esta decisión seguimos con lo que nos ocupa en nuestra vida en este momento, a pesar de los pensamientos, o las emociones desagradables).
Los peces NO lucharon CONTRA los anzuelos, ACEPTARON que formaban parte del mar (de la misma forma que contamos con los pensamientos, pueden aparecer). Simplemente fueron capaces de observarlos antes de engancharse (tomaron conciencia), y de pasar de largo nadando a su alrededor (de forma voluntaria, consciente) prosiguiendo después su camino (sus valores).
El hombre en el hoyo
Un hombre iba por el campo, llevando una venda en los ojos y una pequeña bolsa de herramientas. Se le había dicho que su tarea consistía en correr por ese campo con los ojos vendados. El hombre no sabía que en la granja había hoyos grandes y muy profundos, lo ignoraba completamente. Así que empezó a correr por el campo y cayó en uno de esos grandes agujeros. Empezó a palpar las paredes del hoyo y se dio cuenta de que no podía saltar fuera y de que tampoco había otras vías de escape. Miró en la bolsa de herramientas que le habían dado, para ver si había algo que pudiera usar para escapar del hoyo, y encontró una pala. Eso es todo lo que tenía. Así que empezó con diligencia, pero muy pronto advirtió que no salía del hoyo. Intento cavar más y más y más y más rápido, pero seguía en el hoyo. Lo intento con grandes paladas y con pequeñas, arrojando lejos la tierra o arrojándola cerca… pero seguía en el agujero. Todo ese esfuerzo y todo ese trabajo, y lo único que conseguía es que el hoyo se hiciese cada vez más y más profundo. Entonces se dio cuenta, que cavar no era la solución, no era la forma de salir del hoyo, al contrario, cavando es como se hacen los hoyos más grandes. Entonces empezó a pensar que quizás todo el plan que tenía estaba equivocado y que no tenía solución, ya que cavando no podía conseguir una escapatoria, lo único que hacía era hundirse más.
Metáfora de las calles con tiendas
Y sí, la vida es como ir por las calles de la ciudad. Vas por unas calles y no por otras, por las razones que sean. Las calles están repletas de tiendas, de escaparates, de sonidos y de luminosos que te invitan a pararte, a entrar en ellas y a comprar sus productos. Sin embargo, no es lo mismo caminar por las calles en dirección a lo que uno quiere, que ir por las calles y no llegar a ningún sitio porque constantemente nos paramos a ver los escaparates y entramos a comprar lo que allí se nos ofrece. Al cabo del tiempo, uno ve que su vida está al arbitrio de lo que nos ofrecen estas tiendas y parece que hemos perdido nuestra dirección y no sabemos por dónde caminamos, ni qué dirección vamos a tomar al llegar a la encrucijada… Excepto que nuestra elección fuera salir a comprar. Comprar constantemente hace que la vida esté entrecortada frecuentemente. Y tú, ¿Por qué calles quieres ir? ¿Por las numerosas tiendas que tienes en el camino y cuyos productos te atrapan, aunque no lo quieras? Háblate de tus calles, a dónde te conducen, qué tiendas y productos te atrapan y si te hacen parar o cambiar la dirección en la que quieres ir.
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