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Terapia Gestalt: una terapia humanista y existencial

Contextualizando…

La Terapia Gestalt fue creada por Fritz Perls y Laura Posner en la década de 1940, y forma parte del amplio marco de la Psicología Humanista.

La corriente humanista de la psicología surgió en Estados Unidos de la mano de los psicólogos Maslow y Rogers. Nació como alternativa a los enfoques previos, por eso se la denominó “la tercera fuerza”, ya que la primera fue el psicoanálisis y la segunda el conductismo. Este enfoque, de orientación existencial, trabaja desde una visión integral del ser humano.

La psicología humanista apunta hacia el cultivo de la salud y el despliegue del potencial, y no sólo hacia el tratamiento de lo patológico. Por ello está muy relacionada con el autoconocimiento y el desarrollo personal. Su objetivo es fomentar una vida más genuina y consciente. Poniendo mucho énfasis en lo que se denominó ‘autorrealización’: la tendencia natural a desarrollar nuestro propio potencial, desplegar nuestras capacidades y vivir en coherencia con nuestra verdad interior. Lo cual es un proceso, una vivencia en continua evolución, y no un resultado final.

¿Qué es la terapia Gestalt?

La Terapia Gestalt es una terapia humanista y existencial que se destaca por su enfoque centrado en el aquí y ahora, el desarrollo de la conciencia (darse cuenta), la responsabilidad personal, la integración de polaridades, y el énfasis en la autorregulación. Y parte de la base de que la persona es un organismo unificado, y que cada parte —emoción, pensamiento o acción— está conectada con el resto.

La palabra “gestalt” proviene del alemán y se traduce de diferentes maneras: configuración, estructura o totalidad. Este concepto hace referencia a una premisa básica: el todo es más que la suma de sus partes. Este principio constituye la médula espinal de la terapia Gestalt, que entiende la experiencia humana como un todo integrado, y se interesa en cómo la persona percibe y organiza sus vivencias, su historia y su identidad.

Por ello, en esta terapia, el objeto de acción no es únicamente la resolución de un problema o síntoma (aunque también se trabaja en ello), sino la persona entera. Desde esta visión integral, el síntoma o dificultad se comprende como una parte más del individuo, y el trabajo terapéutico consiste en explorar la relación entre ese síntoma y el resto de la persona.

Además, la Gestalt es una terapia experiencial, que invita a experimentar y explorar la vivencia tal como es. Busca que la persona se haga más consciente de sí misma y adopte un rol activo en su vida, promoviendo la congruencia entre mente, emoción y conducta.

Para lograr esto, es necesario explorar la identidad, así como descubrir distorsiones y sesgos en la percepción de uno mismo y del entorno, con el fin de ampliar el punto de vista y la autoimagen. De esta manera, se pueden ir soltando patrones antiguos e integrando partes olvidadas o censuradas de uno mismo, aprendiendo a responder de forma más sana, creativa y honesta a lo que sucede, así como conocer y satisfacer las necesidades genuinas de la persona.

La terapia Gestalt profundiza en el cómo y el para qué de lo que está sucediendo, explorando la interrelación entre pensamiento, emoción, conducta y sensaciones corporales, y cultivando el darse cuenta de lo que nos ocurre, así como una actitud responsable hacia la propia vida. Se busca que la persona conecte honestamente con lo que siente, amplíe su capacidad de experienciarlo y escuche la información que sus emociones y sensaciones le brindan, para lograr una orientación interna más clara.

Se promueve la autenticidad, es decir, ser lo que uno es, y ser consciente de cómo se está siendo. Aceptando la realidad en lugar de perseguir un ideal. Esto incluye un entrenamiento en ver las cosas como son y actuar en consecuencia, en vez de fantasear o idealizar.

El objetivo de la terapia Gestalt es amplificar el campo de la conciencia y las posibilidades de la persona. Y gran parte del trabajo está en que la persona desarrolle y entrene su darse cuenta. 

Darse cuenta es entrar en contacto con lo que es. Poniendo el foco en explorar y conocer, más que en cambiar. Tanto si se trata de un evento interno como externo, afinamos nuestra escucha y nuestra vista para ver qué está sucediendo, fijándonos en lo obvio. Entonces ponemos la intención de encontrarnos con la realidad y entrar en relación con ella. Y para ello desvelamos también nuestras formas de evitarla, nuestras estrategias para no ver las cosas como son. Esta intención puesta en el darse cuenta es el motor del cambio. Pues solo podemos manejar aquello de lo cual nos damos cuenta.  

La línea troncal de la metodología de esta terapia es la teoría paradójica del cambio, la cual postula que el crecimiento y la transformación ocurren cuando una persona se acepta plenamente tal como es en el presente; en lugar de esforzarse por convertirse en alguien distinto. Es justo desde el darse cuenta y la aceptación de lo que es, desde donde se inicia el desarrollo de un cambio natural. 

Aunque en la terapia Gestalt se usan a veces juegos o experimentos-  algunos, como la silla vacía, muy conocidos -su esencia no radica en ellos. La Gestalt no es un conjunto de técnicas o estrategias, si no una actitud y una perspectiva. Por ello, lo que la define no son los procedimientos que se usen en las sesiones sino la intención con la que se usan: fomentar el darse cuenta, la integración y la responsabilidad. 

En definitiva, la terapia Gestalt invita a explorar las propias creencias, otorgar nuevos significados o renovar los ya existentes, adentrarse en el mundo emocional para aprender a descifrar sus mensajes, y soltar los patrones repetitivos o rígidos de conducta que generan sufrimiento – ya sea a uno mismo o a los demás- e impiden satisfacer las verdaderas necesidades.

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Raquel Álvarez Ocio

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