confianza propia

Confianza propia

A veces queremos certezas, predicciones de futuro, garantías de ciertos resultados… Sin embargo, no podemos conocer el futuro ni controlar todo aquello que no depende de nosotros. Por eso, cuando hablamos de confianza, estamos hablando también del manejo de la incertidumbre y de una cierta disposición hacia lo que viene. 

Aquí propongo una visión de la confianza propia como la fe en nuestra capacidad de acompañarnos a nosotros mismos en los pasos difíciles, sin autoengaño ni juicio. El saber que cuento conmigo, con mi presencia compasiva, como lo haría hacia un ser querido. Saber que voy a estar ahí para mí. Cogiéndome de la mano, tanto si gano como si pierdo.

Así, cuando bajamos el volumen de la autocrítica y nos miramos con honestidad, viendo nuestras capacidades y nuestras dificultades, estando disponibles para nosotras mismas, va gestándose una confianza natural.  Ésta no es la seguridad del «siempre sé qué hacer», «soy infalible», «voy a tener éxito», «va a salir perfecto», sino el compromiso con uno mismo de sostenerse en lo que venga, y la fe en que esto es posible. Sería algo así como: «No sé lo que vendrá, pero me apoyo y me sostengo. Tal como ya he hecho otras veces. Aún cuando creía que no podría. Me atrevo a arriesgarme. Sabiendo que, pase lo que pase, estaré para celebrarme o para consolarme.» 

Confiar no es estar seguros de un resultado, sino sentir que podemos enfrentarnos a una situación y habitar el proceso. No es la ausencia de miedo, sino la capacidad de seguir adelante en su presencia. Escuchar el miedo y caminar con él. 

La confianza es distinta a la seguridad. Pues la seguridad puede desmoronarse ante el fracaso; la confianza, en cambio, emerge justamente del contacto con nuestra vulnerabilidad inherente. No depende de nuestros logros, sino de la aceptación compasiva de lo que somos.

Mientras la seguridad cree tener la razón, la confianza se atreve a no saber. Ya que la seguridad se agarra al control, y la confianza se abre al misterio. Es justamente la falsa seguridad, la que nos impide conectar con la confianza genuina. 

La confianza propia es un sentimiento, una experiencia, que no se puede forzar, conquistar, ni impostar. Sin embargo, si se puede redescubrir una y otra vez, facilitar las condiciones para que se despierte y nutrirla con nuestra compasión y aceptación. 

En este sentido, el cultivo de la confianza en uno mismo se puede trabajar terapéuticamente y se nutre mucho del autoconocimiento y el desarrollo personal. Y para ello ofrecemos los talleres vivenciales llamados ‘Acoger lo que soy’, impartidos por Raquel Álvarez, que permiten acercarse desde la experiencia a estas cualidades que están en nuestro interior.

Raquel Álvarez Ocio

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