Cómo vivir en estado de alerta
Últimamente, cada vez que llega el fin de semana, lo recibo con una inmensa gratitud. Necesito descansar, pasear en la naturaleza y recargarme, y lo hago con el placer que da el saciar la sed o el hambre después de un tiempo sin comer o sin beber.
Llevo más de 30 años trabajando en la Psicología Clínica, y nunca he tenido una avalancha de agenda repleta y con lista de espera durante tanto tiempo. Y aunque siempre he dado mucha importancia a mi propia salud mental para poder guiar a otros, últimamente he tenido que poner mucha más atención en cuidar de mi misma y en nutrirme para poder sentirme equilibrada.
Todos los psicólogos notamos este aumento de consultas en los últimos años, especialmente después de la pandemia.
Rebrotan estados depresivos y ansiosos que llevaban tiempo sosteniéndose,se multiplican los suicidios, se crispan las relaciones interpersonales y el miedo, la rabia y la desesperanza sobrevuelan el planeta como una niebla gris que no acaba de disiparse.
La salud mental de la población está muy debilitada, especialmente la de aquellas personas que ya sufrían alguna condición de vulnerabilidad. El consumo de psicofármacos se ha disparado y con todo ello número de personas afectadas psicológicamente hace que se pueda hablar ya de una pandemia de salud mental.
Los medios de comunicación comunican y comunican sin cesar datos alarmantes sobre lo que nos rodea. Siempre lo han hecho pero en estos últimos años lo están haciendo a niveles obsesivos. No hay tregua.
La pandemia del COVID-19 con sus datos de contagio y muertes. Las guerras de Ucrania e Israel que invocan el fantasma de una guerra total y una crisis económica generalizada, catástrofes naturales, calentamiento global….
Una y otra vez desde hace ya varios años nuestros sistemas nerviosos están en estado de alerta.
El miedo a lo desconocido, a la pobreza, la enfermedad y la muerte rondan como amenazas cerca de nosotros. Sin descanso, sin tregua.
Nuestro sistema nervioso está preparado para responder de modo inmediato a aquellos estímulos que pueden representar una amenaza para la supervivencia. Pero cuando ese estado de sentirse amenazado permanece en el tiempo y se cronifica aparece la fatiga psicológica y nuestro sistema emocional empieza a desajustarse.
Los tratamientos psicológicos suelen incluir técnicas de autorregulación cuando se trata de reducir la ansiedad o moderar nuestras reacciones emocionales.
Pero mantener el equilibrio y una cierta serenidad en estos tiempos requiere reflexionar sobre el alimento que ofrecemos a nuestras mentes.
Por mi parte lo considero imprescindible, ya que el trabajo que realizo implica sostener y acompañar muchos procesos problemáticos, y debo asegurarme de tener mi propias fuentes de energía saludable.
Hay una serie de comportamientos y actitudes que yo trato de fomentar en mí misma para cuidarme y evitar mi propio colapso, y son las mismas que suelo recordar a las personas que me piden ayuda, según los casos.
He aquí algunas de ellas:
1- USA DE MODO CONSCIENTE Y MODERADO EL CONTACTO CON LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, no llenes tu mente constantemente con informaciones que te asustan. Es necesario estar informado de lo que ocurre a nuestro alrededor, pero reflexiona sobre qué información necesitas y qué efectos provoca en ti. Hazte consciente de que no somos informados de todos los aspectos de la realidad. Hay muchas versiones de lo mismo según qué fuentes emitan la noticia y no siempre tenemos manera de acceder a todas ellas.
De vez en cuando apaga el móvil, el ordenador o la televisión. Conversa con amigos o con tu familia, escucha buena música, canta, baila o disfruta de un buen libro.
2- HAZ UN USO CUIDADOSO Y SALUDABLE DE TU ATENCIÓN EN TU VIDA COTIDIANA: En el mismo momento en que ocurren muertes trágicas, guerras, enfermedades y todo tipo de conflictos y penurias, están ocurriendo en todas partes cosas bellas, actos generosos y heroicos, hay buenas personas en todas partes sembrando semillas de bondad, gratitud, generosidad y esperanza. Constantemente ocurren cosas oscuras y luminosas. Pero los medios de comunicación solamente resalta todo aquello que resulta problemático, peligroso o conflictivo. Las buenas noticias casi nunca salen en la prensa. Así que en tu día a día, pon atención de forma voluntaria e intencionada a todo lo que te rodea que es tranquilo, saludable y natural. Date cuenta cuando paseas por la calle de los rostros inocentes de los niños, de toda la gente amable y sonriente que te atiende en los comercios, fíjate en cómo las estaciones se suceden ajenas a las acciones humanas, el sol sale y se pone cada día en un Universo regido por un orden cíclico. Hay muchísimas cosas donde posar nuestra atención y notar una sensación pacífica, hay muchísimos refugios de sensaciones neutras y agradables.
3- PON CONSCIENCIA EN TUS PALABRAS: Nos quejamos y protestamos sobre todo lo que ocurre. Nos quejamos hasta del tiempo que hace como si fuera un agravio personal a nuestras vidas y planes. Nos quejamos y criticamos a los otros , al gobierno y al sistema y utilizamos a menudo expresiones y entonaciones llenas de rencor y desesperación. Todo esto lo damos y lo recibimos, lo hacemos y lo absorbemos de forma automática. Y llena también nuestra mente de una atmósfera de estar en conflicto con el mundo… y de que el mundo lo está contra nosotros.
Si nos damos cuenta de estar inmersos en esta batalla interminable, podemos sembrar en nosotros semillas de paz y de silencio. Podemos promover temas de conversación sobre aspectos positivos de la vida, sobre lo que ocurre constantemente y apenas le prestamos atención.
Recuerdo un día hace ya bastantes años que, estando yo en una floristería muy grande escogiendo flores para un ramo, entró una mujer muy sonriente. Después de recorrer la tienda con mirada apreciativa mirò a la dueña y le dijo:
«¿Debe ser maravilloso pasarse aquí las horas trabajando y rodeada de tanta belleza! No?»
Y la dueña sonrió abiertamente, y le dijo que sí, que verdaderamente el suyo era un precioso lugar para trabajar día tras día.
Quizás aquel día, esa clienta le ayudó a ser consciente de ello. Y a sentirse agradecida.
Ese dia, en ese momento, yo sentí que todo se llenaba como por arte de magia de una atmósfera alegre, amorosa y llena de colores . Y algo tan sencillo como esa frase se grabó para siempre en mi conciencia.
El uso consciente y benevolente de la palabra nos permite sembrar semillas positivas en el mundo. Pero tampoco debemos olvidar el disfrutar de momentos de silencio.
4- PASA TIEMPO RODEADO DE ESPACIOS NATURALES:
Estar cerca de la naturaleza nos recuerda que la Vida, en todas partes sabe cómo salir adelante desde siempre. Hay una quietud que subyace en cualquier entorno natural y sentir en silencio esos espacios nos conecta con un espacio de Quietud que va más allá de cualquier estado transitorio en nuestras mentes. Hacer paseos conscientes cerca del mar, en la montaña, atravesando bosques y praderas es una experiencia curativa para nuestras mentes agitadas. Pero si no puedes salir de la ciudad, pasea por sus parques o jardines, o simplemente alza tus ojos y date cuenta que allá arriba siempre está el cielo, sus colores y sus nubes.. y de noche si es posible no te olvides de mirar a las estrellas o la luna. Siempre que tengas la oportunidad permítete el espectáculo inmenso y gratuito de contemplar atardeceres o deslumbrarte con los colores del amanecer.
La naturaleza nos aquieta, y es absolutamente generosa y disponible.
5- HAZ ALGUNA PRÁCTICA QUE REGULE TU SISTEMA NERVIOSO:
Aprender técnicas de relajación, respiración, visualización o meditación calma nuestro estado de alerta y favorece los estados de equilibrio y armonía. Nuestro sistema nervioso recibe constantemente información de los estímulos externos y de nuestros pensamientos que le hacen mantenerse en estado de alerta, como si peligros, sobresaltos o situaciones impredecibles estuvieran amenazándonos a todas horas. El sistema nervioso pone en marcha entonces una reacción instintiva prevista para reaccionar ante estados de amenaza y quizás lo haga durante muchísimos momentos del día. Eso nos hace mantener los músculos contraídos,los latidos cardíacos agitados y la respiración entrecortada sin que sea necesario. No descansamos suficientemente por la noche y nuestros pensamientos y emociones están en consonancia con todo ello.
Prácticas corporales como el yoga, el Taichi o el Pilates ayudan a armonizar nuestros cuerpos y nuestras mentes. Bailar, practicar el senderismo u otras prácticas deportivas aeróbicas y más enérgicas nos ayudan a liberar tensiones físicas y psíquicas y a sentirnos llenos de energía saludable.
6- CULTIVA LAS EMOCIONES POSITIVAS E ÍNTEGRAS:
Esto no quiere decir en modo alguno que los estados de tristeza, desaliento nostalgia, miedo o enfado sean enfermizos o poco saludables. Simplemente son inevitables. Cualquier existencia tiene un porcentaje de dolor ya que existe la enfermedad, la vejez, la muerte y el fracaso. Existen las pérdidas y nada perdura para siempre. Sin embargo también existe el amor, la generosidad y la inocencia, la alegría, la amistad, la gratitud….y todo ello podemos cultivarlo. Si nuestra vida la entendemos con la metáfora de un jardín que cultivamos, podemos plantar en él semillas de estados positivos, regarlas y cuidarlas. Podemos procurar no regar las semillas del miedo o de la rabia, no alimentar los estados que conducen a actitudes y comportamientos insanos o destructivos.
Cultivar la amabilidad y la generosidad con otras personas y con nosotros mismos, alegrarnos de la felicidad de los demás y desear de todo corazón que los seres que sufren se liberen del sufrimiento y de sus causas son actitudes que se cultivan en todas las tradiciones sagradas del planeta y en la ética universal.
La psicología budista entre otras,considera estas prácticas como algo fundamental para recorrer el camino de liberación del sufrimiento.
Personalmente conozco y practico la meditación desde hace más de 20 años y especialmente en estos tiempos, para mi es algo así como un refugio seguro. En medio de tanta inseguridad e incertidumbre vivir en el momento presente, traer de vez en cuando la atención a la respiración mientras trabajo, cocino o paseo me hace recordar que aquí , donde está mi cuerpo ahora, es donde realmente está mi vida, y en ningún otro lugar.
Vivir con la mente despierta y el corazón abierto, cuidando de mi cuerpo y de las relaciones que establezco con otros seres me ayuda a mantenerme centrada y a estar agradecida por la vida que respira en mí, momento a momento.
Y dar las gracias por poder trabajar en aquello que trabajo, acompañando y tratando de guiar a las personas que me buscan cuando sienten que no pueden sostenerse por si solas. Y así poder ser testigo de tantos y tantos procesos de transformación a lo largo de estos años.
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